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Murió por intentar ser la más esbelta, la más bella. Se llamaba Ana Carolina Reston,
tenía 21 años, medía 1,74 y usaba una talla 36.
Ingresada desde el 25 de octubre por insuficiencia renal, la modelo
brasileña murió un martes en un hospital de São
Paulo. Sólo pesaba 40 kilos. Su organismo estaba tan debilitado
que casi no podía respirar. Se la llevó la anorexia. Esa maldita enfermedad del consumismo que entalla hasta las ganas de vivir. Esa obsesión por el talle perfecto, por la curvilínea milimétrica. Esa manía de no comer, de vomitar el sustento y de negar la realidad. Esa ceguera en la que tantas y algunos entran contagiados por los que sólo aplauden el cuerpo perfecto y el culto a la idiotez.





