PUBLICADO EN LA EDICIÓN DE CÁCERES DEL DIARIO HOY
Posted on : 02-10-2009 | By : leoword | In : Uncategorized
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¿Quién ha llamado a mi hijo Robin Hood?
J. R. ALONSO DE LA TORRE
El curso pasado, las jefas de estudios de un instituto próximo a Cáceres
llamaron la atención a un muchacho por determinada inconveniencia. El chaval
justificó su actitud con algún pretexto de enrevesada solidaridad y las
profesoras ironizaron preguntándole si se creía Robin Hood. La regañina no
pasó de ahí, el alumno se marchó y las jefas de estudios siguieron
atendiendo quejas: «Fulanito me ha bajado los pantalones… Menganita me ha
dado un muerdo en el bocadillo… Zutanito me ha dado una tijereta en el
culo…». Ellas impartían justicia como buenamente podían cuando de pronto
se abrió la puerta y apareció un hombretón poderoso y una señora en jarras
que preguntaron con voz amenazante: «¿Quién ha insultado a mi hijo
llamándole Robin Hood?».
Una abogada sindicalista de CCOO ha publicado un opúsculo en Cataluña con
recomendaciones que deben seguir los profesores para no ser denunciados por
los padres y “empapelados” por los jueces. La abogada razona que los
profesores, con su saludable manía de solucionar los conflictos
pedagógicamente en lugar de cortar por lo sano, están viéndose en
situaciones peliagudas ante los tribunales de justicia. La sindicalista
avisa de que si los móviles están prohibidos en el aula, el profesor puede
impedir su uso, pero si decide quitarle el móvil a un escolar y anunciarle
que se lo devolverá cuando vengan sus padres a hablar con él, está perdido:
puede ser denunciado por apropiación indebida y tiene todas las de perder
ante los tribunales.
Los profesores de Cáceres y de Extremadura se declararon en huelga en
solidaridad con un docente de Almendralejo condenado judicialmente por haber
ironizado sobre la “gilipollez” de un estudiante. Fue una huelga masiva que
desbordó a los sindicatos mayoritarios, que no la habían convocado. No se
trataba sólo de solidarizarse con un profesor condenado, sino de avisar a la
sociedad de que están hartos de que su autoridad en el aula sea cuestionada
cada día y de que no están dispuestos a acudir a clase con un abogado. La
judicialización de la política fue un grave error de los partidos. La
judicialización de la enseñanza puede ser catastrófica.





