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En el presente proceso electoral internet se convirtió en un vehículo de desinformación y calumnia, no en favor de las ideas, sino en favor del odio. Prácticas que no contribuyen a la cultura democrática y que en cambio estimulan maniqueísmos destinados a influir de mala fe en la decisión de los electores. Todo por la permanencia, a cualquier precio, de un proyecto de país encaminado a seguir estirando las diferencias sociales en beneficio de unos pocos, y a la eliminación de cualquier idea contraria a ello. Los que aquí nos manifestamos, de manera virtual y pacífica, sólo intentamos decir que somos muchos los que no estamos de acuerdo con la triste campaña del miedo —que aún no termina— y nos pronunciamos por que en el proceso electoral prevalezcan la certeza y la legalidad. También reiteramos que el hecho de manifestar nuestro desacuerdo no significa violencia, sino un ejercicio simple de libertad de expresión. Un país donde el que reclama es ignorado, no es un país democrático. Que no nos lleve la inercia. La democracia no empieza ni termina con el voto.




