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Maria José Caballero
Se construye al mayor ritmo posible y se utilizan las figuras de
protección ambiental para “maquillar” la destrucción.
Que el ladrillo se come nuestro
litoral es un hecho que, a estas alturas, pocos dudan.
Casos tan conocidos como la operación contra la
corrupción en Marbella (con, al menos, 20.000 viviendas
ilegales), el del enorme hotel construido ilegalmente en
la playa de El Algarrobico en pleno parque natural de
Cabo de Gata o la condena de las instituciones europeas
al modelo urbanístico de la Comunidad Valenciana son la
punta de un gigantesco iceberg que oculta cientos de
corruptelas que impunemente van acabando metro a metro
con nuestra costa. Por este motivo, GreenPeace ha
presentado, como cada año, una nueva edición del informe
Destrucción a toda costa que recorre todo nuestro
litoral para denunciar las agresiones que sufre.
En él se repasan los ejemplos de desarrollo
insostenible, urbanización descontrolada, campos de golf
o innecesarias infraestructuras portuarias.
¿Dónde quedó la idea de desarrollo sostenible
que conciliase el desarrollo urbano con la protección
del medio, del patrimonio cultural y de la calidad de
vida? Se construye al mayor ritmo posible y se utilizan
las figuras de protección ambiental para “maquillar” la
destrucción. La codicia especulativa devora el litoral;
cada año, un poco más.
La alarma social y política parece haber
despertado algunas conciencias.
Medidas como la creación este año de una
fiscalía especializada en corrupción, urbanismo y medio ambiente
permitirá perseguir delitos, conocidos por todos, pero en la mayoría de
los casos ajenos a la justicia hasta el momento.; La
urbanización, especialmente de segundas residencias, desplaza cada vez
con más fuerza a la industria turística “clásica”. El cambio
experimentado por los turistas y sus hábitos es ya un hecho innegable:
se realizan más desplazamientos, pero el aumento del número de turistas
en las costas españolas viaja acompañado en un descenso en el gasto que
realizan y en el número de días de su estancia, lo que se traduce en
unos ingresos por persona muy inferiores a los de los años pasados. Es
decir, las cuentas no cuadran. Según cálculos del lobby Exceltur, en
2.005 los hoteles dejaron de ingresar más de 100 millones de euros
debido a la disminución de la estancia de los turistas extranjeros. Con
estos datos ¿alguien piensa que son necesarios más hoteles o
apartamentos? Aún así las constructoras no cesan. Por octavo año
consecutivo España es el país de la Unión Europea que más cemento
consume, dudoso honor. El ladrillo no sólo se come el paisaje, también
está fagocitando a la propia industria turística.




