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Insólitos médicos huelguistas, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia
«DIEZ MINUTOS, ¡qué menos!». Con esta frase en las pancartas, los médicos de atención primaria fueron a la huelga. No es fácil recordar una protesta laboral tan simpática. Normalmente, los paros en los servicios públicos tienen causas nobles, pero interesadas; defendibles, pero perjudican al usuario. Cuando no cortan el tráfico, dejan al consumidor desabastecido o sin atención. Pero esta huelga médica estuvo pensada justamente para defender al consumidor. ¡Una huelga en mi beneficio! Deben de ser extraterrestres.
¿Qué piden los doctores? Algo elemental: no despachar al paciente mirando el reloj. Según sus cálculos, dedican a cada persona una media de cuatro minutos. Si ustedes descuentan 60 segundos para el saludo, siéntese, quítese la camisa, y otros 60 de despedida, cuándo vuelvo y las explicaciones de cómo se toma la pastilla, se quedan en la mitad. Total: dos minutos para examinar, preguntar antecedentes, hacer el diagnóstico, consultar el vademécum y recetar. Como el paciente sea tartaja o se enrolle, se ha fastidiado la media.
Vista la situación, no es extraño que los doctores sufran estrés y ansiedad, estén desalentados y caigan en frecuente depresión. Viven más pendientes de la gente que está en la sala de espera que de las quejas del enfermo que tienen delante. En los ambulatorios hay que colocar un rótulo que diga, imitando a la película: «Toma la receta y corre». A veces se publican encuestas que nos martirizan con la duración del acto sexual. No recuerdo la media, pero debe ser alta, comparada con esas consultas. De lo contrario, la gente no retrataría así la brevedad de un hecho: «más corto que la visita del médico».
¿Y por qué se ha llegado a esa situación? Por todo: por la masificación; por la universalización de la asistencia; por el aumento de la inquietud por la salud; por la afluencia de inmigrantes; por el envejecimiento de la población; porque el pase por el médico es el trámite preciso para adquirir medicamentos gratis, y porque hasta con productos de parafarmacia nos dicen desde la tele: «Consulte a su médico».
La situación final es que hay muchos más ciudadanos atendidos, pero peor atendidos. La curación a través de la palabra se ha perdido. Desaparece el médico que anima y consuela. En su lugar, en medio de la multitud, florece el médico despachador. Y yo digo: claro que hay que protestar contra eso. En lo que discrepo es en que protesten los médicos: tendríamos que ser los pacientes. Pero no tenemos un puñetero sindicato que nos represente. Habrá que fundar un partido, como los de Ciutadans. Yo aporto el nombre: el PCCUM, Partido Contra los Cuatro Minutos.







