Creo que al final me cerrarán la boca. Todos los días trago y trago a la misma hora y, dando gracias, es sólo una vez al día, si fueran más no sé que sería de mí.
Cuando vienen a ver lo que he comido siempre ponen la misma cara y, sinceramente, no es de alegría; en mi tripa siempre hay lo mismo.
Recuerdo que mis antepasados comían otras cosas y, cuando la gente iba a mirar lo que había en sus estómagos, había veces que sonreían.
¿Qué se debe sentir cuando ves a las personas sonreír? Sinceramente no tengo ni idea. Si pudiera cerraría la boca cuando vienen a echarme la comida; sé que es todo malo, pero no puedo moverme, no puedo hacer absolutamente nada. Estoy sujeto a este lugar de por vida, hasta que consideren que ya me he hecho demasiado mayor y les he dado muchas tristezas, entonces me cambiarán por uno nuevo, uno que no les traiga malos recuerdos, uno que les haga sonreír alguna vez.
Mi trabajo no es duro, ni mi vida tampoco, pero sé que no hago feliz a la gente. Hay algunos familiares, los que están a mi lado, que me han contado que a ellos les miran lo que tienen en la tripa y lo dejan ahí durante un tiempo, hasta que casi están a punto de reventar: entre malas comidas y basura les pesa el estómago y les duele, pero no quieren quitarles de dentro todo lo que llevan.
Somos buzones de cualquier patio y sólo nos dan de comer sobres con recibos y facturas, de vez en cuando alguna propaganda. Me gustaría volver por un momento a la época de mis antepasados en que llegaban cartas de amor, de felicitación, de amistad; pero eso ahora ya no se hace, así que tenemos que tragar con todo lo malo.
Llegará el día en que dejaremos de existir, pero siempre habrá alguien que seguirá suspirando por recibir una carta con su nombre escrito a mano y nosotros desapareceremos suspirando por poder haber visto esa sonrisa.
Pilar Lachén Blog: http://vivirpensardecir.blogspot.com






Comments