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Los debates televisivos se han convertido, para algunos periodistas, en un gallinero en el que se presentan ante la audiencia para debatir cualquier tema que se ponga sobre la mesa y la ciudadanía se convierte en mera espectadora de un espectáculo bochornoso de desinformación, manipulación y a veces de descalificación.
Los ejemplos son diversos: algunos de estos “profesionales” prefirieron dedicarse a alarmar a la sociedad en lugar de informarse e informar sobre las causas, probabilidades y modos de contraer la gripe aviar, o del enriquecimiento que supuso para la industria farmacéutica la venta de un medicamento que resultó ser más bien ineficaz. Algunos de estos representantes del cuarto poder tampoco dudan en comparar la eutanasia con una huelga de hambre, Alcorcón con París, ácido bórico con material para fabricar explosivos o verdulería periodística con información veraz. Estos mercenarios de la desinformación hablan de condenados que solo son imputados, imputados que ni siquiera son tales, juicio cuando estamos en la instrucción o sentencia cuando solo hay un auto, escenificando un tribunal paralelo disfrazado de debate que solo nos aporta más confusión y desconfianza en las instituciones y en los medios de comunicación.
Los ciudadanos confiamos cada día menos en los políticos, pero también en ciertos “profesionales” que se han convertido en “políticos televisivos” que nos venden su opinión como información, que obtienen audiencia en lugar de votos y nos desinforman en lugar de informarnos porque se dejan su ética profesional en el bolsillo.
By:Lo pienso,lo escribo








